martes, 2 de diciembre de 2008

Cita a ciegas


Buscó a la chica cuyo corazón él conocía,pero cuya cara nunca había visto: la chica de la rosa.Su interés por ella había comenzado un año antes en una biblioteca. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras en él,sino por las notas escritas al margen.La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante.En la parte frontal descubrió el nombre de la dueña anterior: La señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Le escribió una carta para presentarse y la invitó a responderle.Al día siguiente,John fue enviado en un barco para servir en la Segunda Guerra Mundial.Durante un año,se conocieron por medio del correo y un romance fue creciendo. Él le pidio una fotografía,pero ella se negó. Sentía que si de verdad le interesaba, no importaría como luciera.
Cuando por fin llegó el día que él regresaría de Europa,arreglaron su primer encuentro a las 7:00 de la noche en la estación de trenes.
-Tú me reconocerás -le escribió- por la rosa roja
que llevaré en la solapa.

Así que a las siete,John estaba en la estación buscándola,y así lo relató:
-Una Joven mujer vino hacia mí,su figura alta y esbelta.El cabello rubio y rizado detrás de esas delicadas orejas; sus ojos eran azules como nubes.Los labios y el mentón tenían una gentil firmeza y su traje verde pálido eran como la primavera en vida.
Comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta de que no llevaba la rosa.Mientras me movía,una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios.
-Vas por mi vía,marinero -murmuró ella-
Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell.Estaba parada casi detrás de la chica.Una mujer pasada de los 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado.Era más que regordeta,sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja.
La mujer del traje verde se iba rápidamente.Sentí como si me partiera en dos: mi deseo agudo de seguirla, y a la vez el profundo anhelo por la persona cuyo espíritu me había acompañado y apoyado,y ahí estaba.Su pálida y rolliza cara era gentil,esos ojos grises tenían un brillo cálido y amigable.No vacilé.Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que serviría para identificarme.
Esto quizá no sería amor,pero sí algo preciado,quizá mejor una amistad,una amistad por la que debía estar siempre agradecido.Cuadré mis hombros,saludé y le ofrecí el libro a la mujer,aunque mientras hablaba me sentía ahogado por la amargura de mi decepción.
-Soy el teniente John,y usted debe ser la señorita Maynell.Estoy muy contento de que me pudiera conocer,¿la puedo llevar a cenar?
La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa.
-No sé de qué se trata eso,hijo -ella respondió-,pero la señorita del traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo.Me dijo que si usted me invitaba a cenar,yo le diría que lo está esperando en el restaurante de enfrente.Ella comentó que era una clase de prueba.
No es difícil entender y admirar la sabiduría de la señorita Maynell.La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo que no es atractivo.

"Dime a quién amas.....y te diré quién eres"

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